Historia de la NASA
Durante este medio siglo, la NASA se ha convertido en la envidia del resto de agencias espaciales del mundo. Su prestigio, su Li^-lJ^ popularidad mundial y su buen hacer se lo ha ganado con ilusión, esfuerzo, trabajo, organización, éxitos, tragedias y… presupuestos.
El presidente Eisenhower fundó la Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio (NASA) para dotar a los Estados Unidos de una organización con la que hacer frente a los soviéticos en el campo de la conquista espacial. Su sucesor John F. Kennedy le dio el impulso decisivo a la nueva Agencia. No sólo ilusionó a todos sus conciudadanos al lanzar el reto de alcanzar la Luna sino que, con la puesta en marcha del programa Apolo, multiplicó sus presupuestos y la hizo famosa en el mundo entero. Para hacer realidad su sueño relevó al administrador aThomas Keith Giennan y colocó a James Webb, el verdadero padre del éxito de Apolo
Nixon recogió los laureles de la llegada del hombre a la Luna y, aunque disminuyó sus presupuestos ante la sangría social y económica que le acarreaba la guerra de Vietnam, de la mano del administrador James Fletcher dio luz verde al programa de desarrollo del lanzador reutilizable, todo un desafío para la década de los 70. Con los presidentes Ford y Cárter, la Agencia vivió de las rentas de la fama alcanzada y de la herencia recibida aunque, antes de abandonar el poder, Jimmy Cárter pudo presenciar el vuelo inaugural del Columbia, el primer transbordador espacial que entró en servicio (12 de abril de 1981).
La era Reagan fue la del transbordador espacial. El presupuesto de la Agencia aumentó de manera progresiva. Pero el que se multiplicó de forma desorbitada fue el presupuesto espacial del Departamento de Defensa para dar forma a la Iniciativa de Defensa Estratégica, más conocida como “guerra de las galaxias”. La llegada de Bush a la Casa Blanca supuso una tendencia de signo contrario, con unos presupuestos al alza para la NASA y a la baja para el Departamento de Defensa que, aún así, seguían siendo muy superiores. Su gran decisión fue colocar al carismático y brillante ingeniero Daniel Goldin al frente de la Agencia, quien revolucionó a toda la organización con la aplicación del lema “faster, cheaper, better” (más rápido, más barato y mejor).
Bill Clinton mantuvo a Goldin pero congeló los presupuestos de la Agencia a la vez que disminuía los del Departamento de Defensa. El mérito del actual presidente George W. Bush radica en que, el 14 de enero de 2004 dio un nuevo impulso a la NASA al anunciar su iniciativa denominada “Visión para la Exploración Espacial”, un proyecto cuya meta es volver a pisar la Luna a finales de la próxima década -inicialmente en 2018, ahora ya en 2020-y sentar las bases para desarrollar una astronave con capacidad de efectuar viajes tripulados a Marte.
Pero hace medio siglo, las cosas eran muy distintas.
Un nacimiento complicado
Resulta llamativo pero, en 1958, tanto el Ejército norteamericano
(US Army), como la Fuerza Aérea (USAF) y la Armada (US Navy) disponían de sus propios planes espaciales sin la menor coordinación entre unos y otros. La USAF estaba obsesionada con colocar un hombre en órbita, los generales del US Army ambicionaban ser los pioneros en efectuar un vuelo balístico por encima del Atlántico con un hombre a bordo y la Navy trabajaba denodadamente en desarrollar nuevos cohetes muy potentes y costosos.
Por otro lado, las investigaciones en el campo aeronáutico estaban a cargo de la Comisión Nacional Asesora de Aeronáutica (NACA), una organización federal fundada el 3 de marzo de 1915 que contaba con varios e importantes centros de estudio y evaluación y una plantilla de nada menos que 8.000 personas.
Ante los dos fracasados primeros intentos de la Navy por colocar un satélite en el espacio -Vanguard TV-3, el 6 de diciembre de 1958 y Vanguard TV-3BU, el 5 de febrero de 1958-, y mientras el primer satélite norteamericano -el Explorer 1, del Ejército- por fin daba sus primeras órbitas alrededor de la Tierra, en febrero de 1958 el senador demócrata Lyndon B. Johnson reclamó la creación de una agencia espacial independiente.
Acuerdos políticos
En medio de una gran polémica en el seno de las cámaras legislativas y a escala nacional, Eisenhower impulsaba en mayo un proyecto para crear una agencia espacial civil. Capitaneados por E¡senhower y Johnson, los políticos republicanos y demócratas debatieron la nueva ley hasta que el 15 de julio llegaron a un acuerdo incluso en el nombre de la nueva organización. Finalmente, el Congreso aprobó el 16 de julio la ley Nacional de la Aeronáutica y el Espacio.
Eísenhower firmó el documento el 29 de julio de 1958 y el 8 de agosto designó al ingeniero electrónico Thomas Keith Glennan, presidente del prestigioso Instituto de Tecnología Case de Cleveland (Ohio) para ser el primer administrador de la nueva Agencia.
Como su brazo derecho y en calidad de administrador adjunto, Glennan eligió a Hugh Dryden, director de la NACA desde 1947 y un experto en misiles. El Senado confirmó ambos nombramientos el 14 de agosto y, cinco días más tarde, el Departamento de Defensa y la NASA acordaron la transferencia de los proyectos espaciales no militares una vez que la nueva Agencia se pusiera en marcha. Glennan y Dryden prestaron juramento y asumieron sus respectivos cargos el 19 de agosto y se pusieron a preparar la transición.
De la NACA a la NASA
En una fecha tan temprana como el 17 de agosto, Estados Unidos efectuó su primer intento de alcanzar la Luna. Se trataba de un misil Thor acoplado a una etapa superior Able-1, en cuyo interior figuraba una sonda lunar de 38 kilogramos desarrollada por la recién creada (7 de febrero de 1958) Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada del Departamento de Defensa (ARPA). Sin embargo, el cohete explotó a los 77 segundos del disparo y los sueños se desvanecieron… por el momento.
La NASA abrió sus puertas oficialmente el 1 de octubre de 1958. Ese mismo día quedó disuelta la NACA, que pasaba a convertirse en el
núcleo de la nueva Agencia, que heredaba los tres grandes Centros de Investigación de Lewis, (Ohio), Langley (Virginia) y Ames (California), así como dos importantes instalaciones de ensayos, el Centro de pruebas de cohetes de Wallops (Virginia), y el Centro de pruebas aeronáuticas de Muroc Dry Lake (California), actualmente Centro de Investigaciones Dryden.
Además, la nueva Agencia absorbía los proyectos y los créditos del Departamento de Defensa y de la NACA vinculados con el espacio. El mismo primero de octubre, Eísenhower emitió una orden ejecutiva mediante la que los investigadores y técnicos del Laboratorio Naval de Investigaciones asignados al programa Vanguard, así como los especialistas del programa Redstone del Ejército, quedaban bajo el control exclusivo de la nueva NASA. También asumió el control sobre los diversos programas de satélites, dos sondas lunares y motores cohete en desarrollo. En total, la NASA comenzó su singladura con 8.240 funcionarios -8.000 de la NACA-y un presupuesto total del orden de 340 millones de dólares.
Veinte años dorados
Dos meses después de su creación, el 3 de diciembre, la NASA tomaba el control del Jet Propulsión Laboratory de Pasadena (California). Poco después, el 17 de diciembre, cuando se cumplía el 55 aniversario del vuelo inaugural de los hermanos Wright, Keith Glennan anunció la puesta en marcha del programa Mercury para determinar las particularidades del vuelo espacial. Los vuelos tripulados individuales tuvieron lugar entre 1961 y 1963, al que siguió el proyecto Geminis -vuelos durante 1965-1966-, cuyas misiones con dos astronautas tenían por objeto llevar a la práctica encuentros, acoplamiento de naves y actividades extravehicula-res(EVA).
Al mismo tiempo, durante los años 60 la Luna fue sometida a exhaustivas radiografías por las sondas Ranger, Surveyor y Lunar Orbiter. También se lanzaron con éxito los primeros satélites de telecomunicaciones y meteorológicos.
La joya de la corona fue el proyecto Apolo (vuelos durante 1968-1972) para explorar la Luna. Al programa Apolo le siguió la estación espacial Skylab (1973), un taller orbital que tres tripulaciones distintas habitaron durante 28, 59 y 84 días, respectivamente. Pero, finalmente, quedó abandonada en órbita durante dos años.
A la conquista de los planetas
La década de los 70 también llegó con una nueva generación de naves automáticas científicas para descubrir el sistema solar. A Marte fueron enviadas diez misiones Mariner y las dos Viking con distintos resultados y a Venus, la Pioneer Venus. Las sondas Pioneer 10 y Pioneer 11, lanzadas en marzo de 1972 y abril de 1973, respectivamente, viajaron a Júpiter y Saturno para estudiar la composición del espacio interplanetario. Y las Voyager 1 y 2, lanzados en septiembre y agosto de 1977, respectivamente, iniciaron la mayor navegación por el sistema solar que han visto los tiempos.
En los años 70 también se enviaron al espacio los primeros ingenios de teledetección y vigilancia del medio ambiente con los satélites Landsat, que cambiaron la forma de percibir la Tierra. En julio de
1975, la NASA y la Unión Soviética organizaron el primer encuentro espacial tripulado internacional. Fue el proyecto Apolo-Soyuz (ASTP), que durante dos días sirvió para coordinar los procedimientos de encuentro y acoplamiento entre las naves espaciales de Estados Unidos y la entonces Unión Soviética y efectuar tímidos experimentos conjuntos.
Los “ochenta”, la peor década de la NASA
Después de un paréntesis de seis años, en 1981 la NASA retomó los vuelos espaciales tripulados con la introducción del transbordador espacial, cuya primera misión (STS-1) voló el 12 de abril de 1981. Poco después, con la STS-7 (junio de 1983), la NASA se quitó de encima una “espinita” que tenía clavada desde junio de 1963 y Sally Ride se convirtió en la primera mujer norteamericana en surcar el espacio.
Las tragedias del Challenger (enero de 1986) y del Columbia (febrero de 2003) obligaron a paralizar los vuelos tripulados un par de años. Hoy son más de un centenar de vuelos que acumulan las lanzaderas espaciales, cuya flota ha quedado reducida al Atlantis, el Discovery y el Endeavour.
Desde que el Congreso autorizara a la NASA en 1984 el inicio de los estudios para construir un complejo espacial hasta hoy han pasado más de dos décadas. Todavía dicha estación, aunque ahora internacional y mano a mano con Rusia y otras naciones, todavía se encuentra en fase de montaje. Pero su conclusión está prevista para 2010 y entonces se harán realidad las palabras que pronunció hace unos años el ca-rismático Daniel Goldin, el hombre que más tiempo ha estado al frente de la Agencia (1992-2001): “la NASA ha demostrado una y otra vez que sus mejores años están en el futuro, no en el pasado”.
El imperio NASA
Cada mañana, miles de personas de todo tipo y condición, desde premios Nobel hasta simples peones, acuden a su lugar de trabajo en los diez grandes centros que integran el esqueleto de la mayor agencia espacial del mundo. A ellas hay que sumar varias instalaciones de ensayo y verificación y otras muchos pequeños laboratorios y dependencias distribuidos por todo el territorio norteamericano, preferentemente en la costa del Atlántico y del Pacifico. A este despliegue nacional hay que añadir las delegaciones oficiales de la NASA por todo el mundo y, por ejemplo, los centros de la Red de Espacio Profundo de Robledo de Chávela, en Madrid (España) y en Canberra (Australia).
Según fuentes de la propia Agencia, su plantilla en junio de 2006 superaba las 18.000 personas, a las que hay que añadir más de 43.000 contratados externos, estudiantes y docentes en prácticas o becarios y el personal del JPL (5.200 empleados), que pertenece al Instituto Tecnológico de California. En total, su fuerza laboral se eleva a una cifra cercana a las 67.000 personas entre científicos de todas las disciplinas del saber, ingenieros de todas las ramas, gerentes, técnicos, administrativos, mano de obra cualificada y personal de apoyo. Cerca de la mitad se concentran entre el Centro Espacial Kennedy de Florida (22,9°/o) y el Centro Espacial Johnson de Texas (22,8), ambos en la costa atlántica.
Tal volumen de personal en tantos lugares de trabajo tan distintos exige que la alta dirección de la Agencia sea consciente de la necesidad de que todo su personal comparta un espíritu y unos valores que permiten mantener una alta calidad de trabajo.
Los pilotos de la nave
La sede central de la NASA se encuentra en la capital federal de la nación, en Washmqton DC a pocos pasos de los centros del poder ejecutivo, legislativo, económico e informativo del mundo. En sus despachos se elaboran los planes a largo plazo de la exploración aeroespacial, se define la orientación estratégica y la gestiona el día a día de la mayor agencia espacial sobre la Tierra. Su máximo responsable actual es Michael Griffin, ingeniero aeroespacial de 59 años nombrado por Bush el 14 de abril de 2005 y que ostenta el cargo de administrador.
Hombre con amplia experiencia y formación en temas espaciales, Griffin ya había ocupado antes importantes puestos en la NASA. Su mano derecha y vice administradora de5 la Agencia es Shana Dale-desde el 14 de |noviembre de 2005-, la primera mujer que ocupa un puesto de tanta responsabilidad de la Agencia. A sus 44 años, Dale ya había sido vice directora de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca Junto con Griffin residente y Dale, otras cuatro personas, con el cargo de administradores asociados, dirigen cada una de las cuatro direcciones (Operaciones Espaciales, Sistemas de Exploración, Ciencia y Aeronáutica) en que, desde el punto de vista funcional, está estructurada la NASA.
Unos cuantos videos de la nasa
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